Lamenta la inacción internacional a la hora de intervenir y apela a trabajar para «proteger a los vivos» ante amenazas similares.
El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, ha reclamado este martes «aprender de los fracasos pasados y proteger a los vivos» en el marco de un mensaje con motivo del 32º aniversario del genocidio en Ruanda, en el que ha lamentado la inacción internacional ante las matanzas perpetradas por hutus extremistas contra tutsis y hutus moderados.
«Hace 32 años, Ruanda sufrió uno de los capítulos más oscuros en la historia de la humanidad. En solo cien días, más de un millón de personas fueron asesinadas, principalmente tutsis, pero también hutus y otros que se opusieron al genocidio», ha dicho, antes de recordar que «familias enteras fueron brutalmente eliminadas».
Así, ha resaltado que en este Día Internacional de Reflexión sobre el Genocidio de 1994 contra los Tutsis en Ruanda se recuerda a las víctimas y «se honra su dignidad robada». «Rendimos tributos a los supervivientes, cuya resiliencia muestra la fuerza del espíritu humano, y recordamos, con humildad y vergüenza, el fracaso de la comunidad internacional a la hora de escuchar las advertencias y adoptar acciones inmediatas para salvar vidas».
«No es suficiente recordar a los muertos. Debemos aprender de los fracasos pasados y proteger a los vivos a través del rechazo del odio, la retórica incendiaria y la incitación a la violencia; invirtiendo en la fábrica social para profundizar la resiliencia comunitaria y fortaleciendo instituciones que ayudan a evitar atrocidades en masa», ha sostenido.
En este sentido, ha renovado su llamamiento a «todos los países» para que se sumen a la Convención del Genocidio y «aplicarla en su totalidad». «Naciones Unidas está junto al pueblo de Ruana y estamos junto a todos los que, en todas partes, se niegan a entregar nuestro futuro al miedo, la división o el silencio. Que este día reafirme nuestro compromiso con recordar, escuchar y actuar. Con la historia como nuestra guía y la prevención del genocidio como nuestro objetivo», ha remachado.
Alrededor de un millón de ruandeses, la inmensa mayoría de ellos tutsis y hutus moderados, fueron asesinados por extremistas hutus durante cerca de tres meses en 1994. A día de hoy todavía se están descubriendo fosas comunes, especialmente desde que los condenados que han cumplido sus penas han aportado información sobre el lugar en el que enterraron o abandonaron a sus víctimas.
Las raíces del conflicto entre hutus y tutsis se remontan varias generaciones, si bien la muerte del entonces presidente ruandés, el hutu Juvenal Habyarimana –cuyo avión fue derribado cerca de Kigali con el presidente de Burundi, Cyprien Ntaryamira, a bordo– desencadenó rápidamente unas matanzas encabezadas por la milicia hutu Interahamwe, que lanzó una campaña de ejecuciones que se prolongó durante cien días.

