El Museo de la Ciencia de Valladolid ha instalado en su exposición permanente la primera tabla periódica del mundo en Lengua de Signos Española (LSE), una herramienta didáctica elaborada por el equipo de investigación ‘Mis manos hablan’ de la Universidad de Oviedo y cuya inclusión en este espacio sirve para «reivindicar el derecho universal de las personas con capacidades diferentes para acceder a la cultura y la educación».
La concejala de Educación y Cultura, Irene Carvajal; la coordinadora del Museo de la Ciencia, Beatriz Gutiérrez, y los responsables de la traducción de los 118 elementos químicos de la tabla, Aránzazu Valdés González y Javier Martín Antón, han participado este martes en la presentación de esta pieza.
Este elemento didáctico, que se ubica junto a la Tabla Periódica Interactiva en la sala ‘La química a escena’, tiene dimensiones de 4 x 2,30 metros y señala cada uno de los elementos con su símbolo, masa y número atómico y en el medio de cada recuadro una ilustración de la fisicoquímica Marie Curie interpretando el elemento correspondiente en LSE.
A un lado de la tabla se sitúa, además, un código QR que lleva a una web con vídeos en los que se puede ver cómo se interpretan en LSE cada uno de los elementos, que han sido traducidos por ‘Mis manos hablan’ en lo que supone un hito para las lenguas signadas y la educación educativa.
El equipo de investigación ha trabajado durante diez años en la elaboración de esta tabla, una labor que se inició con un análisis riguroso del léxico en LSE y de la confirmación de que no existía una traducción completa de los 118 elementos químicos en ninguna de las lenguas de signos del mundo, tal y como ha explicado Valdés, en declaraciones recogidas por Europa Press.
En esta investigación, el equipo observó que sí existían en los materiales lexicográficos traducciones de algunos elementos como el hierro, la plata y el oro, pero con una definición vinculada a aleaciones de estos, por lo que no servían específicamente para la tabla, como también ocurrió con signos usados para el oxígeno, nitrógeno e hidrógeno.
A partir de ahí, se desarrolló un método lingüístico y didáctico para la creación léxica a través de la combinación simultánea, de manera que utilizaron el signo ya existente para referirse a la tabla periódica, en la mano pasiva — siempre se repite este signo para cada elemento–, y buscaron un signo referente al elemento para la mano dominante — cambia según el elemento–, ha detallado Valdés.
Posteriormente, recurrieron a tres pasos para traducir cada uno de los elementos químicos. En primer lugar, recuperaron los signos ya conocidos del oro, la plata y el hierro y los combinaron con la mano pasiva referente al término de tabla periódica.
Después, recurrieron a la etimología de otros tantos elementos para encontrar un signo referente y en el caso de que no hubiera vínculo etimológico, optaron por el vínculo del elemento con cosas de la vida cotidiana, en ambos casos combinando con la mano pasiva referente al término de tabla periódica.
EXTRAPOLABLE A OTRAS LENGUAS DE SIGNOS
De esta manera lograron «bautizar» los 118 elementos químicos y formar esta herramienta que pretende «facilitar el proceso de enseñanza y aprendizaje de la tabla periódica», así como el trabajo de los intérpretes de LSE, ha indicado Valdés, para precisar que el método de creación utilizado es «fácilmente extrapolable» a las otras 300 lenguas de signos existentes en el mundo.
Por el momento, ‘Mis manos hablan’ tiene conocimiento de que esta herramienta se utiliza en institutos de Asturias y espera que equipos de investigación de otros países elaboren sus propias tablas a partir de los artículo publicados sobre esta.
Por el momento, el Museo de la Ciencia se ha convertido en el primero en acoger en su exposición la primera tabla periódica del mundo en LSE, pieza que se puede ver en menor formato en la Facultad de Formación del Profesorado y Educación y en la Facultad de Química de Oviedo.
DEMOCRATIZACIÓN DEL CONOCIMIENTO CIENTÍFICO
Tal y como ha apuntado la coordinadora del Museo de la Ciencia, se ha decidido incluir esta herramienta en la colección en el marco del plan de accesibilidad ‘Ciencia con diferencia’ y con el propósito de «mejorar la experiencia del visitante».
«Lo hemos hecho a un grandísimo tamaño para que no pase desapercibida y visualizar la necesidad que tienen muchas personas para poderse comunicar», ha aseverado Gutiérrez, quien ha puesto en valor el «magnífico trabajo» de los investigadores de la Universidad de Oviedo.
Por su parte, la concejala de Educación y Cultura ha incidido en que la inclusión de esta tabla en la exposición del Museo de la Ciencia supone un «hito significativo» de la línea de trabajo en este espacio que quiere «abanderar la democratización del conocimiento científico».
Exhibir esta tabla periódica en LSE ayuda a «comprender y estudiar» los elementos químicos de «forma autónoma» para las personas con discapacidad auditiva y «fomenta la empatía y el respeto». «Celebramos la química, la LSE y reivindicamos el derecho universal que tienen las personas con diferentes capacidades para acceder a la cultura y la educación», ha apostillado.

