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La población de Sudán, ante una de las mayores crisis en décadas después de tres años de intensa guerra

Por Redacción

El país africano atraviesa la mayor crisis de desplazamiento del mundo y fue escenario de dos de las tres hambrunas declaradas durante 2025.

La guerra en Sudán, que este 15 de abril cumple tres años, ha infligido una enorme devastación en el país africano, sumido en una de las mayores crisis en décadas a nivel mundial, con un impacto especialmente duro sobre la población civil, en medio de ataques sistemáticos contra instalaciones críticas que limitan cada vez más el suministro de servicios y bienes básicos a los sudaneses.

La representante de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en Sudán, Marie-Helene Verney, afirma que alrededor de catorce millones de personas «se han visto obligadas a huir», de las cuales nueve millones siguen dentro de Sudán, mientras que 4,4 millones se han trasladado a países vecinos.

«Para muchas de ellas, el desplazamiento ha sido un ciclo repetido y agotador de huida hacia una seguridad relativa, solo para tener que huir de nuevo. Hoy, uno de cada cuatro sudaneses está desplazado», explica, antes de resaltar que «los combates siguen asolando amplias zonas del país, provocando nuevos desplazamientos y prolongando la tragedia diaria de millones de personas sin que se vislumbre un final claro».

«Siguen produciéndose violaciones de los Derechos Humanos, incluida la violencia sexual como arma de guerra, el reclutamiento forzoso, las detenciones arbitrarias, las masacres y otros abusos», denuncia, al tiempo que agrega que «la población civil está especialmente expuesta, con frecuentes denuncias de acoso, violencia y secuestros durante la huida hacia lugares más seguros».

Asimismo, advierte de que los países que acogen a refugiados –en particular Chad, Egipto y Sudán del Sur–, se encuentran «al límite de su capacidad», en medio de las crisis que sufren estas naciones y ante la reducción de la ayuda internacional, que está afectando a las «limitadas oportunidades» existentes.

Además, está aumentando el número de sudaneses que intentan atravesar Libia para iniciar la travesía del mar Mediterráneo para llegar a costas europeas, con más de 14.000 llegadas al continente entre 2024 y 2025, un aumento del 232% desde que inició el conflicto que, sin embargo, refleja que la inmensa mayoría de los refugiados se quedan en países de la región.

Por contra, destaca que «un número creciente de sudaneses desplazados está regresando a zonas donde los combates han remitido considerablemente», con la mayoría de los retornos en los estados de Gezira y Sennar, además de 1,5 millones de personas que han regresado a Jartum, donde sin embargo «las condiciones son extremadamente precarias».

CRISIS DE DESPLAZAMIENTO Y HAMBRE

En esta línea, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) sostiene que «la escala del desplazamiento sigue siendo impactante», con «millones de familias lejos de sus hogares y sus sustentos». «En regiones como Darfur y Kordofán, los civiles siguen haciendo frente a graves riesgos de protección, inseguridad y acceso limitado a los servicios esenciales», esgrime.

Así, la directora general de la OIM, Amy Pope, hace hincapié en que son ya «tres años de miedo, pérdida y desplazamiento para millones de personas», antes de pedir más ayuda internacional para hacer frente a la situación. «No puede dejarse que el pueblo de Sudán haga frente a solas a esta crisis», señala.

El Programa Mundial de Alimentos (PMA) resalta que cerca de 19 millones de personas sufren inseguridad alimentaria en el país, que atraviesa la mayor crisis de hambre del mundo –con dos de las tres hambrunas declaradas en 2025, en El Fasher y Kadugli, junto a Gaza–, una situación marcada precisamente por la escasez de financiación internacional.

«El PMA está preparado para hacer más, pero necesitamos urgentemente financiación para hacerlo», dijo la semana pasada el subdirector ejecutivo del organismo, Carl Skau, quien anunció además el regreso a Jartum de la oficina de la agencia, ante el cambio en la situación después de que el Ejército tomara el control de la ciudad.

Save the Children pone el foco en la situación de la infancia, con cerca de 5,6 millones de nacimientos en estos tres años –una media de 5.000 al día–, con muchos de estos bebés naciendo de madres desplazadas desplazadas, en refugios superpoblados o en centros con recursos muy limitados, a menudo sin electricidad.

«Cada minuto que dura este conflicto, nacen tres bebés en condiciones que ningún niño o niña debería tener que afrontar jamás», lamenta el director de la ONG en Sudán, Mohamed Abdiladif, quien agrega que «los niños y niñas tienen derecho a recibir cuidados y protección, incluso en situaciones de conflicto».

Asimismo, ha reseñado que «los ataques contra hospitales y otras zonas civiles protegidas (…) afectan de forma grave y permanente al acceso de las madres y los recién nacidos a la atención esencial», motivo por el que reclama además «facilitar el acceso humanitario para evitar más pérdidas de vidas».

DESTRUCCIÓN DE LOS SERVICIOS ESENCIALES

Por su parte, Médicos Sin Fronteras (MSF) condena «la violencia desatada, la impunidad generalizada y las restricciones al acceso humanitario en medio del colapso del sistema sanitario», que ha llevado a «un desmantelamiento sistémico» de los servicios esenciales para la población, principal víctima de la guerra.

La ONG es una de las que ha alertado sobre el aumento de los ataques con drones, cada vez más lejos de la línea de frente y con infraestructuras logísticas y zonas pobladas como objetivos, con unas 400 personas atendidas por sus equipos desde febrero a causa de este tipo de ataques en el este de Chad y zonas de Darfur.

La coordinadora de MSF en Sudán, Amande Bazerolle, destaca que «ahora más que nunca, la protección de la población civil, el respeto a las instalaciones sanitarias, la rendición de cuentas por las atrocidades y el acceso humanitario sostenido son urgentes e innegociables». «Tres años de guerra ya le han costado a Sudán un precio incalculable. Permitir que esta trayectoria continúe supone el riesgo de condenar a toda una generación», arguye.

En este sentido, World Vision afirma que este conflicto ha convertido a Sudán en «el lugar más traumático para la infancia» y alerta de que «se está exterminando sistemáticamente a toda una generación, mientras que el silencio internacional se mide en vidas perdidas cada hora», con 17,3 millones de niños en situación de necesidad extrema.

«Detrás de cada estadística hay un niño que ha perdido su hogar, su escuela y su seguridad», puntualiza el director nacional de World Vision en Sudán, Simon Mane. «La presencia de cientos de niños no acompañados en campamentos (… muestra cómo la infancia sigue sufriendo en silencio. Sin un aumento inmediato de la financiación y un compromiso con la paz, estas cicatrices serán permanentes», sostiene.

Por ello, el secretario general del Consejo Noruego para los Refugiados (NRC), Jan Egeland, reseña que «durante tres años, las familias se han apoyado entre ellas ante complicaciones inimaginables». «Hoy nos dicen claramente que están agotadas, que comen menos y que no pueden aguantar mucho más», desvela.

«La solidaridad entre los sudaneses ha soportado esta crisis, pero la compasión no puede hacerlo por sí sola», dice. «Lo que estamos viendo no es solo una crisis humanitaria, sino un colapso de los sistemas de supervivencia. Las comunidades que han compartido todo durante tres años han sido empujadas más allá de los límites», lamenta.

«Es hora de que el mundo, que ha permanecido impasible, responda a la solidaridad local con la acción internacional aumentando la financiación para ayuda vital y presionando con más ahínco para encontrar soluciones diplomáticas que pongan fin a la violencia sin sentido», zanja, en un momento en el que la paz entre el Ejército y las RSF parece distante.

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