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Elvira Mínguez, Premio Primavera 2026: «El mayor monstruo al que se enfrenta la sociedad es la deshumanización»

Por Redacción

El Premio Primavera de Novela 2026 ha recaído este año en la actriz y escritora Elvira Mínguez, galardonada por ‘La educación del monstruo’ (Espasa), quien ha hecho un paralelismo con los monstruos que acechan a la sociedad hoy en día. Así, la autora ha mencionado, sin nombrarlos, «a varios monstruos muy evidentes» aunque ha alertado de que los que están «ocultos» son, a su juicio, «más peligrosos».

Al respecto, ha citado «la necedad» y «la mentira», aunque, por encima de todos ellos, ha alertado de «la deshumanización». «Creo que ese es el mayor monstruo», ha asegurado en una entrevista con los medios con motivo de la presentación de la novela en Valencia, donde el Premio ha viajado por primera vez, con motivo de su 30.ª edición, «rompiendo» su tradición con Madrid. El acto ha tenido lugar en la Lonja de la Seda, que este año celebra el 30 aniversario de su declaración como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

A nivel personal, Mínguez también ha reconocido la existencia de otro de sus monstruos: el miedo. «Tengo miedo a todo. Y su capacidad limitante. Es totalmente paralizante. El miedo en sí mismo es un monstruo», ha lamentado.

Además, ha alertado del «desafío que tienen los padres para conseguir que sus hijos levanten la cabeza de la pantalla, porque creen que la vida es eso y no es así». «Los niños son el futuro y si hay algo que tenemos que cuidar, mimar, defender con uñas y dientes es a los niños», ha afirmado.

En este punto, ha añadido que no se puede «quitar de la cabeza la imagen de ese niño en esa playa», en alusión al pequeño Aylan, un niño sirio de tres años cuyo ahogamiento en un naufragio en 2015, en una playa de Turquía junto a su hermano y su madre, se convirtió en un símbolo de la crisis de los refugiados. «No puedo entender cómo podemos llegar a ser tan deleznables y cómo olvidamos», ha lamentado.

La autora ha revelado que el origen de su novela parte de un episodio doméstico «autobiográfico» en el que su hijo, cuando tenía cuatro años, estaba jugando con una pelota junto a la puerta de casa. De pronto, se hizo el silencio y escuchó la puerta cerrarse, lo que hizo a Mínguez salir corriendo en busca del niño. «Tuve miedo», reconoce. Al encontrar a su hijo, que estaba a unos metros de casa, le pidió que no volviera a hacer aquello pues alguien «podía llevárselo».

«Yo lo que quería era meterle miedo para que no pudiera volver a hacerlo, que lo no hiciera más. Entonces, empiezo a pensar: ¿qué demonios me ha pasado? La novela parte de eso. Años después, mi hijo me confesó que le metí mucho miedo y que ese miedo no era suyo. Le pedí perdón y me quedé con muy mal sabor», reconoce y se pregunta: «De dónde viene esa necesidad de control? ¿Qué memoria heredada se activa en ese gesto?».

Sin embargo, este no es el único punto autobiográfico de la novela pues también está ambientada en la Alemania de los años 60, en concreto, en la ciudad de Düsseldorf. Muchos españoles emigraron a ese país en busca de un futuro mejor, al igual que los padres de Mínguez. «No era un tema del que se hablara mucho en casa», puntualiza.

«Alemania necesitaba mano de obra barata y Franco necesitaba que la gente se fuera porque se le estaba muriendo de hambre pero tampoco quería que hubiera manga ancha y se marcharan todos», rememora. En este punto, añade que, durante el trabajo de documentación descubrió el documental ‘Tren de sombras’, en el que se detallan las condiciones en las que vivían estas personas –alojados en barracones, separados de sus parejas y explotados laboralmente–.

Por ello, insiste en que debió «ser muy duro». «Salvando las distancias, realmente puede ser como la situación de hoy en día de una persona inmigrante que viene a trabajar», reconoce.

‘La educación del monstruo’ –en librerías desde el 15 de abril- es una novela en tres épocas: en su madurez, Matilde inicia una búsqueda personal que la llevará, primero, a querer saber más de la vida de su madre, Águeda, emigrante en Düsseldorf a principios de los años 60. Después, Matilde volverá a su propia infancia, en Valladolid a mediados de los 70, cuando su colegio, dirigido por la hermana Olvido, y la ciudad entera, estaban aterrorizados por los ataques de un violador de niñas al que parecía imposible dar caza.

Precisamente, la novela también pone el foco en las mujeres –Águeda, Matilde y Olvido– que, como ha destacado Mínguez, «mueven y sostienen el mundo». «Pero las mujeres siempre están en tela de juicio y lo van a seguir estando. Y muchísimo más con lo que se nos avecina. Todo lo ganado se puede perder desgraciadamente y no hay que dar todo por hecho. Tenemos que ser muy conscientes de que como las cosas se tuerzan, las primeras que vamos a perder somos nosotras», ha alertado.

«SOY UNA MUJER QUE CUENTA HISTORIAS DE DIFERENTES MANERAS»

Otros temas que aborda el libro son el abandono, el maltrato, los abusos y la sexualidad, que se reflejan no solo en los personajes femeninos sino sobre todo en el de Javier –con «un complejo arco psicológico»–, cuestiones que también trató en su primera novela, ‘La sombra de la tierra’, que posteriormente saltó a la pantalla en forma de miniserie, dirigida por la propia Mínguez.

Sobre su dualidad actriz-escritora, Mínguez bromea: «Con la primera novela, dije que era una actriz que había escrito una novela y ahora digo que soy una actriz que he escrito dos novelas». En cualquier caso, se define como «una mujer que cuenta historias de diferentes maneras». «Necesito contar historias, es nuestra forma de construir nuestra propia identidad», asevera.

Ante la posibilidad de que esta obra sea adaptada al cine, Mínguez confiesa que no le importaría repetir como directora, pero sin actuación. «A eso lo llamo yo ‘hacer un Eastwood’. Y para hacer un Clint Eastwood, hay que tener mucha experiencia», concluye.

El Premio Primavera de Novela, dotado con 100.000 euros, está convocado por la editorial Espasa y Ámbito Cultural de El Corte Inglés. Desde su primera edición en 1997, el certamen se ha consolidado como «referencia clave» para las letras hispanas. Esta edición ha batido récord de participación, con 1.590 originales procedentes de 38 países.

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