El Gobierno de Rusia se ha desvinculado este viernes del bombardeo contra la ciudad ucraniana de Járkov, que ha dejado alrededor de una treintena de heridos, y ha achacado lo ocurrido a la detonación de munición ucraniana almacenada en un edificio.
El Ministerio de Defensa ruso ha asegurado que «las Fuerzas Armadas rusas no planearon ni llevaron a cabo ataques con misiles ni ataques aéreos dentro de los límites de la ciudad de Járkov», alegando que las acusaciones desde Kiev «buscan distraer a la comunidad internacional del brutal ataque terrorista» perpetrado en la víspera en Jorli (Jersón), que se saldó con cerca de una treintena de muertos.
La cartera ministerial ha indicado que las imágenes de testigos oculares publicadas por medios de comunicación ucranianos «muestra una densa humareda de origen desconocido» en un centro comercial «varios segundos antes de la explosión, lo que indica que la munición de las Fuerzas Armadas de Ucrania almacenada probablemente detonó dentro del centro comercial».
El comunicado de Moscú, publicado en el canal de Telegram de Defensa, ha llegado después de que el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, condenara el «atroz» ataque ruso, manifestando que «lamentablemente, así es como Rusia trata la vida y a las personas: siguen matando, a pesar de todos los esfuerzos por parte de los países del mundo, y especialmente de Estados Unidos, en el proceso diplomático».

